Jeong Nam-gyu: el caso que marcó el desarrollo de la perfilación criminal en Corea
Expediente Corea | Policiales sin morbo
Jeong Nam-gyu: el caso que marcó el desarrollo de la perfilación criminal en Corea
Condenado por una serie de homicidios y ataques cometidos entre 2004 y 2006, su expediente permite analizar cómo la policía coreana comenzó a conectar investigaciones abiertas en distintas jurisdicciones y a incorporar el análisis de conducta criminal.
Cuando Corea del Sur comenzó a desarrollar unidades especializadas en análisis de conducta, la perfilación criminal todavía debía demostrar que podía aportar algo concreto a las investigaciones. No reemplazaba la evidencia física, las pericias ni el trabajo territorial. Su función era ayudar a interpretar patrones, seleccionar hipótesis y relacionar hechos que, observados por separado, podían parecer casos independientes.
El expediente de Jeong Nam-gyu se convirtió en uno de los casos más complejos de ese período. Sus acciones se extendieron entre 2004 y 2006 por diferentes sectores de Seúl, Bucheon y otras zonas de la provincia de Gyeonggi. Esa dispersión territorial dificultó que las primeras denuncias e investigaciones fueran reconocidas inmediatamente como parte de una misma secuencia.
Una investigación dividida entre jurisdicciones
En una gran ciudad, dos hechos violentos pueden ser investigados por equipos distintos aunque compartan características. Cada comisaría recibe denuncias, reúne evidencias y trabaja sobre su propio territorio. El problema aparece cuando esa división administrativa impide observar el cuadro completo.
En el caso de Jeong Nam-gyu, los investigadores debieron revisar episodios registrados en diferentes jurisdicciones y comparar lugares, horarios, víctimas seleccionadas y comportamientos posteriores. El análisis no consistía en buscar coincidencias superficiales, sino en determinar si existía una continuidad respaldada por pruebas.
Perfilación no significa adivinación
Un perfil criminal es una herramienta orientativa. Puede ayudar a formular preguntas, comparar conductas y ordenar información, pero no identifica por sí solo a una persona ni constituye una prueba judicial. Una condena necesita evidencia incorporada legalmente al expediente.
La detención y la condena
Jeong fue detenido en abril de 2006 después de un ataque en el que las personas agredidas pudieron resistirse y alertar a las autoridades. A partir de esa detención, la policía revisó hechos anteriores y buscó establecer cuáles podían ser vinculados mediante evidencias y cuáles debían mantenerse separados.
En abril de 2007, la Corte Suprema confirmó la condena a muerte impuesta por homicidios y otros delitos. Corea del Sur mantiene la pena capital dentro de su legislación, aunque no realiza ejecuciones desde diciembre de 1997.
Jeong Nam-gyu murió en noviembre de 2009 mientras se encontraba bajo custodia en el Centro de Detención de Seúl. Por esta razón, corresponde hablar de un condenado y no de un acusado. Sin embargo, eso no autoriza a adjudicarle automáticamente cualquier hecho que haya sido mencionado en medios o investigaciones paralelas.
El riesgo de depender demasiado de una confesión
Este expediente también expuso un problema central de toda investigación criminal: una confesión no debe ser aceptada sin corroboración.
Durante aquellos años, distintos responsables llegaron a atribuirse hechos que después no pudieron ser vinculados con ellos. La atención pública alrededor de los homicidios seriales podía producir confesiones falsas, versiones contradictorias o intentos de apropiarse de delitos cometidos por otra persona.
La enseñanza periodística y judicial es clara: cada declaración debe compararse con registros, pericias, evidencia forense y datos que no hayan sido divulgados públicamente. La perfilación puede orientar esa revisión, pero nunca sustituirla.
La conexión con Through the Darkness
En 2022, SBS estrenó Through the Darkness, conocida también como Those Who Read the Minds of Evil. La serie, protagonizada por Kim Nam-gil, Jin Seon-kyu y Kim So-jin, se centra en los primeros años del análisis de conducta criminal dentro de la policía surcoreana.
La producción está basada en el libro de no ficción escrito por el perfilador Kwon Il-yong y el periodista Ko Na-mu. Desde allí reconstruye el esfuerzo de quienes intentaban demostrar que estudiar patrones de conducta podía colaborar con investigaciones que desbordaban los métodos tradicionales.
La ficción utiliza personajes y situaciones construidos a partir de diferentes experiencias y expedientes. Por eso, no corresponde afirmar que uno de sus criminales ficticios sea una reproducción documental exacta de Jeong Nam-gyu. La conexión debe presentarse como un vínculo temático con el período, los métodos de investigación y los casos que marcaron la consolidación de la perfilación coreana.
“La serie resulta más valiosa cuando muestra que comprender una conducta no significa justificarla. Significa intentar anticipar riesgos, encontrar conexiones y construir mejores investigaciones.”
Qué cambió en la mirada sobre el crimen serial
Los grandes expedientes criminales coreanos de finales de los años noventa y comienzos de los 2000 obligaron a revisar la coordinación entre fuerzas, la administración de bases de datos y la necesidad de equipos capaces de comparar hechos ocurridos en diferentes distritos.
También modificaron la forma en que la televisión y el cine representaron a la policía. En lugar del investigador que resuelve un caso por intuición, comenzaron a aparecer equipos interdisciplinarios, especialistas forenses, analistas de conducta y detectives enfrentados con sus propios errores institucionales.
Esa evolución puede verse en producciones como Through the Darkness, donde la pregunta principal no es qué tan fascinante resulta el criminal, sino cómo puede una institución aprender a detectar patrones sin perder de vista a las víctimas.
Por qué este caso sigue siendo relevante
Volver sobre este expediente no debería servir para multiplicar imágenes del condenado ni para reproducir detalles que lastimen nuevamente a las familias. Su valor periodístico está en examinar cómo una sociedad investiga la violencia, reconoce sus fallas y construye herramientas para responder mejor.
El caso permite hablar de coordinación policial, prueba forense, confesiones falsas, perfilación y responsabilidad de los medios. También ayuda a comprender por qué los policiales coreanos aparecen con frecuencia conectados con debates sobre pena de muerte, protección de víctimas y funcionamiento institucional.
La historia criminal no tiene que convertirse en espectáculo para resultar interesante. Puede ser una puerta para observar cómo cambió Corea, qué aprendieron sus investigadores y qué riesgos permanecen cuando el nombre del responsable ocupa más espacio que las personas afectadas.
